Cercano a su gente, un obispo con olor a oveja, sirviendo por 25 años a Honduras, con su lema “para que  tengan vida”  nos referimos a  Monseñor Ángel Garachana que hoy nos cuenta su caminar en esta diócesis.

Buen Amigo: Monseñor ¿Qué es lo que hace al ser nombrado obispo de San Pedro Sula?

Monseñor Ángel Garachana: Distingamos dos momentos: el primero cuando el Nuncio Mons. Mario Tagliaferri me llama a la Nunciatura en Madrid y me notifica que el Papa me ha nombrado obispo de San Pedro Sula. En ese momento me quedé sorprendido, desconcertado y un buen tiempo en silencio. Luego presenté mis objeciones y dificultades y le pedí al señor Nuncio un tiempo para pensarlo, consultarlo y orarlo, porque era una decisión que cambiaba por completo mi vida. Solo me concedió el fin de semana.

El segundo momento, una vez aceptado el nombramiento, es cuando se hizo público el día 30 de noviembre de 1994. Ahí viene “la movida” de felicitaciones, llamadas, cartas, preparativos, etc. Una vez que di mi aceptación me quedé en paz, empecé a meditar en lo que significaba ser obispo, escribí a la Conferencia Episcopal de Honduras, a los sacerdotes, religiosos/as, fieles de la diócesis sampedrana y me fui preparando internamente para este nuevo ministerio que el Señor me pedía por medio de la Iglesia.

B.A: ¿Cuáles fueron sus primeros proyectos?

MAGP: Para formular proyectos realistas y acertados lo primero que debía hacer era “conocer” la diócesis. Hacía 20 años que había estado de misionero (1972-1975), había visitado Honduras como Superior Provincial de los claretianos los años 1992, 93 y 94 pero verme obispo diocesano era una situación completamente nueva. Por eso, mi primer “proyecto” fue ver, escuchar, visitar, reflexionar y orar para conocer la realidad de la diócesis: ante todo, a las personas: sacerdotes, religiosas, fieles laicos; después su organización: parroquias, organismos de comunión y de acción pastoral, planes pastorales. Y finalmente su realidad socio-cultural.

En mi primer recorrido por las parroquias iba expresando lo que captaba como más prioritario y urgente en estas palabras: “evangelización, comunión, justicia social”.

BA: Al ver la realidad de las personas implicadas en la vida eclesial ¿qué es lo que más le afectó?

MAGP: La escasez de sacerdotes diocesanos hondureños y la necesidad urgente, superprioritaria de trabajar la pastoral vocacional. Prácticamente la totalidad del clero era de Congregaciones religiosas o de sacerdotes misioneros de otras diócesis. En cuanto ordené a los primeros sacerdotes diocesanos hondureños puse a uno al frente de la pastoral vocacional y luego encargado del seminario menor.

BA: En sus inicios también acogió en la diócesis a bastantes Congregaciones religiosas. ¿Qué le movió a ese interés por la vida religiosa?

MAGP: Podemos distinguir los religiosos sacerdotes y las religiosas. Religiosos no sacerdotes solo estaban los hermanos de la Salle. Viendo la escasez de sacerdotes y mientras se formaban los nuevos seminaristas, busqué la ayuda de Congregaciones religiosas femeninas más directamente orientadas al trabajo pastoral en las parroquias. Al llegar me encontré con diez congregaciones de religiosas (si mis datos no me fallan) y en los primeros años vinieron unas veinte Congregaciones nuevas.

El motivo es claro, mi aprecio y estima de la vida religiosa en la Iglesia. Yo mismo pertenezco a la Congregación de los Misioneros Claretianos. Las diversas Congregaciones son dones de Dios a una Diócesis y el obispo tiene la obligación de valorarlas, apoyarlas y acompañarlas.

BA: ¿Qué movimientos o asociaciones de fieles laicos encontró al llegar a la diócesis?

MAGP: Voy a hacer un poco ejercicio de memoria. El Movimiento de Cursillos de Cristiandad, de quienes fui consiliario diocesano en mis años de misionero, el Movimiento Familiar Cristiano, Encuentros Matrimoniales, Legión de María, Renovación Carismática Católica, Camino: movimientos evangelizador católico, Camino neocatecumenal.. y quizá me deje alguno.

Pero no podemos olvidar a los fieles laicos y agentes de pastoral, que, desde su identidad fundamental cristiana, ya estaban muy implicados en la vida y misión de la diócesis.