20
Dom, Ene

En la parroquia San Ramón Nonato de Villanueva Cortés, Monseñor Ángel Garachana ofició una solemne eucaristía para celebrar la fiesta de la Epifanía y la despedida al párroco León Jaime Palacios Correa, quien después de casi tres años pastoreando en Villanueva, regresa a su diócesis como vicario de pastoral de Jericó en Antioquia, Colombia.
El padre León Jaime después de la misa dio las palabras de agradecimiento a la feligresía por su apoyo y cariño. “Esta parroquia ha sido para mí una experiencia espiritual, de crecimiento como persona, como sacerdote y una oportunidad única, gracias a todos”.

 

El Papa Francisco hizo un llamado a acoger a migrantes y refugiados, a considerarlos miembros de una única familia humana y a ayudarles a alcanzar la paz y una vida digna.

A continuación, el texto completo del mensaje del Papa:

1. Un deseo de paz

Paz a todas las personas y a todas las naciones de la tierra. La paz, que los ángeles anunciaron a los pastores en la noche de Navidad, es una aspiración profunda de todas las personas y de todos los pueblos, especialmente de aquellos que más sufren por su ausencia, y a los que tengo presentes en mi recuerdo y en mi oración.

De entre ellos quisiera recordar a los más de 250 millones de migrantes en el mundo, de los que 22 millones y medio son refugiados. Estos últimos, como afirmó mi querido predecesor Benedicto XVI, «son hombres y mujeres, niños, jóvenes y ancianos que buscan un lugar donde vivir en paz». Para encontrarlo, muchos de ellos están dispuestos a arriesgar sus vidas a través de un viaje que, en la mayoría de los casos, es largo y peligroso; están dispuestos a soportar el cansancio y el sufrimiento, a afrontar las alambradas y los muros que se alzan para alejarlos de su destino.

Con espíritu de misericordia, abrazamos a todos los que huyen de la guerra y del hambre, o que se ven obligados a abandonar su tierra a causa de la discriminación, la persecución, la pobreza y la degradación ambiental.

Somos conscientes de que no es suficiente sentir en nuestro corazón el sufrimiento de los demás. Habrá que trabajar mucho antes de que nuestros hermanos y hermanas puedan empezar de nuevo a vivir en paz, en un hogar seguro. Acoger al otro exige un compromiso concreto, una cadena de ayuda y de generosidad, una atención vigilante y comprensiva, la gestión responsable de nuevas y complejas situaciones que, en ocasiones, se añaden a los numerosos problemas ya existentes, así como a unos recursos que siempre son limitados.

El ejercicio de la virtud de la prudencia es necesaria para que los gobernantes sepan acoger, promover, proteger e integrar, estableciendo medidas prácticas que, «respetando el recto orden de los valores, ofrezcan al ciudadano la prosperidad material y al mismo tiempo los bienes del espíritu».

Tienen una responsabilidad concreta con respecto a sus comunidades, a las que deben garantizar los derechos que les corresponden en justicia y un desarrollo armónico, para no ser como el constructor necio que hizo mal sus cálculos y no consiguió terminar la torre que había comenzado a construir.4

2. ¿Por qué hay tantos refugiados y migrantes?

Ante el Gran Jubileo por los 2000 años del anuncio de paz de los ángeles en Belén, san Juan Pablo II incluyó el número creciente de desplazados entre las consecuencias de «una interminable y horrenda serie de guerras, conflictos, genocidios, “limpiezas étnicas”», que habían marcado el siglo XX.

En el nuevo siglo no se ha producido aún un cambio profundo de sentido: los conflictos armados y otras formas de violencia organizada siguen provocando el desplazamiento de la población dentro y fuera de las fronteras nacionales.

Pero las personas también migran por otras razones, ante todo por «el anhelo de una vida mejor, a lo que se une en muchas ocasiones el deseo de querer dejar atrás la “desesperación” de un futuro imposible de construir».

Se ponen en camino para reunirse con sus familias, para encontrar mejores oportunidades de trabajo o de educación: quien no puede disfrutar de estos derechos, no puede vivir en paz. Además, como he subrayado en la Encíclica Laudato si’, «es trágico el aumento de los migrantes huyendo de la miseria empeorada por la degradación ambiental».

La mayoría emigra siguiendo un procedimiento regulado, mientras que otros se ven forzados a tomar otras vías, sobre todo a causa de la desesperación, cuando su patria no les ofrece seguridad y oportunidades, y toda vía legal parece imposible, bloqueada o demasiado lenta.

En muchos países de destino se ha difundido ampliamente una retórica que enfatiza los riesgos para la seguridad nacional o el coste de la acogida de los que llegan, despreciando así la dignidad humana que se les ha de reconocer a todos, en cuanto que son hijos e hijas de Dios. Los que fomentan el miedo hacia los migrantes, en ocasiones con fines políticos, en lugar de construir la paz siembran violencia, discriminación racial y xenofobia, que son fuente de gran preocupación para todos aquellos que se toman en serio la protección de cada ser humano.

Todos los datos de que dispone la comunidad internacional indican que las migraciones globales seguirán marcando nuestro futuro. Algunos las consideran una amenaza. Os invito, al contrario, a contemplarlas con una mirada llena de confianza, como una oportunidad para construir un futuro de paz.

3. Una mirada contemplativa

La sabiduría de la fe alimenta esta mirada, capaz de reconocer que todos, «tanto emigrantes como poblaciones locales que los acogen, forman parte de una sola familia, y todos tienen el mismo derecho a gozar de los bienes de la tierra, cuya destinación es universal, como enseña la doctrina social de la Iglesia. Aquí encuentran fundamento la solidaridad y el compartir».

Estas palabras nos remiten a la imagen de la nueva Jerusalén. El libro del profeta Isaías (cap. 60) y el Apocalipsis (cap. 21) la describen como una ciudad con las puertas siempre abiertas, para dejar entrar a personas de todas las naciones, que la admiran y la colman de riquezas.

La paz es el gobernante que la guía y la justicia el principio que rige la convivencia entre todos dentro de ella. Necesitamos ver también la ciudad donde vivimos con esta mirada contemplativa, «esto es, una mirada de fe que descubra al Dios que habita en sus hogares, en sus calles, en sus plazas [promoviendo] la solidaridad, la fraternidad, el deseo de bien, de verdad, de justicia»; en otras palabras, realizando la promesa de la paz.

Observando a los migrantes y a los refugiados, esta mirada sabe descubrir que no llegan con las manos vacías: traen consigo la riqueza de su valentía, su capacidad, sus energías y sus aspiraciones, y por supuesto los tesoros de su propia cultura, enriqueciendo así la vida de las naciones que los acogen.

Esta mirada sabe también descubrir la creatividad, la tenacidad y el espíritu de sacrificio de incontables personas, familias y comunidades que, en todos los rincones del mundo, abren sus puertas y sus corazones a los migrantes y refugiados, incluso cuando los recursos no son abundantes.

Por último, esta mirada contemplativa sabe guiar el discernimiento de los responsables del bien público, con el fin de impulsar las políticas de acogida al máximo de lo que «permita el verdadero bien de su comunidad», es decir, teniendo en cuenta las exigencias de todos los miembros de la única familia humana y del bien de cada uno de ellos.

Quienes se dejan guiar por esta mirada serán capaces de reconocer los renuevos de paz que están ya brotando y de favorecer su crecimiento. Transformarán en talleres de paz nuestras ciudades, a menudo divididas y polarizadas por conflictos que están relacionados precisamente con la presencia de migrantes y refugiados.

4. Cuatro piedras angulares para la acción

Para ofrecer a los solicitantes de asilo, a los refugiados, a los inmigrantes y a las víctimas de la trata de seres humanos una posibilidad de encontrar la paz que buscan, se requiere una estrategia que conjugue cuatro acciones: acoger, proteger, promover e integrar.

«Acoger» recuerda la exigencia de ampliar las posibilidades de entrada legal, no expulsar a los desplazados y a los inmigrantes a lugares donde les espera la persecución y la violencia, y equilibrar la preocupación por la seguridad nacional con la protección de los derechos humanos fundamentales. La Escritura nos recuerda: «No olvidéis la hospitalidad; por ella algunos, sin saberlo, hospedaron a ángeles».

«Proteger» nos recuerda el deber de reconocer y de garantizar la dignidad inviolable de los que huyen de un peligro real en busca de asilo y seguridad, evitando su explotación. En particular, pienso en las mujeres y en los niños expuestos a situaciones de riesgo y de abusos que llegan a convertirles en esclavos. Dios no hace discriminación: «El Señor guarda a los peregrinos, sustenta al huérfano y a la viuda».

«Promover» tiene que ver con apoyar el desarrollo humano integral de los migrantes y refugiados. Entre los muchos instrumentos que pueden ayudar a esta tarea, deseo subrayar la importancia que tiene el garantizar a los niños y a los jóvenes el acceso a todos los niveles de educación: de esta manera, no sólo podrán cultivar y sacar el máximo provecho de sus capacidades, sino que también estarán más preparados para salir al encuentro del otro, cultivando un espíritu de diálogo en vez de clausura y enfrentamiento. La Biblia nos enseña que Dios «ama al emigrante, dándole pan y vestido»; por eso nos exhorta: «Amaréis al emigrante, porque emigrantes fuisteis en Egipto».

Por último, «integrar» significa trabajar para que los refugiados y los migrantes participen plenamente en la vida de la sociedad que les acoge, en una dinámica de enriquecimiento mutuo y de colaboración fecunda, promoviendo el desarrollo humano integral de las comunidades locales. Como escribe san Pablo: «Así pues, ya no sois extraños ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios».

5. Una propuesta para dos Pactos internacionales

Deseo de todo corazón que este espíritu anime el proceso que, durante todo el año 2018, llevará a la definición y aprobación por parte de las Naciones Unidas de dos pactos mundiales: uno, para una migración segura, ordenada y regulada, y otro, sobre refugiados.

En cuanto acuerdos adoptados a nivel mundial, estos pactos constituirán un marco de referencia para desarrollar propuestas políticas y poner en práctica medidas concretas. Por esta razón, es importante que estén inspirados por la compasión, la visión de futuro y la valentía, con el fin de aprovechar cualquier ocasión que permita avanzar en la construcción de la paz: sólo así el necesario realismo de la política internacional no se verá derrotado por el cinismo y la globalización de la indiferencia.

El diálogo y la coordinación constituyen, en efecto, una necesidad y un deber específicos de la comunidad internacional. Más allá de las fronteras nacionales, es posible que países menos ricos puedan acoger a un mayor número de refugiados, o acogerles mejor, si la cooperación internacional les garantiza la disponibilidad de los fondos necesarios.

La Sección para los Migrantes y Refugiados del Dicasterio para la Promoción del Desarrollo Humano Integral sugiere 20 puntos de acción17 como pistas concretas para la aplicación de estos cuatro verbos en las políticas públicas, además de la actitud y la acción de las comunidades cristianas.

Estas y otras aportaciones pretenden manifestar el interés de la Iglesia católica al proceso que llevará a la adopción de los pactos mundiales de las Naciones Unidas. Este interés confirma una solicitud pastoral más general, que nace con la Iglesia y continúa hasta nuestros días a través de sus múltiples actividades.

6. Por nuestra casa común

Las palabras de san Juan Pablo II nos alientan: «Si son muchos los que comparten el “sueño” de un mundo en paz, y si se valora la aportación de los migrantes y los refugiados, la humanidad puede transformarse cada vez más en familia de todos, y nuestra tierra verdaderamente en “casa común”».

A lo largo de la historia, muchos han creído en este «sueño» y los que lo han realizado dan testimonio de que no se trata de una utopía irrealizable. Entre ellos, hay que mencionar a santa Francisca Javier Cabrini, cuyo centenario de nacimiento para el cielo celebramos este año 2017. Hoy, 13 de noviembre, numerosas comunidades eclesiales celebran su memoria.

Esta pequeña gran mujer, que consagró su vida al servicio de los migrantes, convirtiéndose más tarde en su patrona celeste, nos enseña cómo debemos acoger, proteger, promover e integrar a nuestros hermanos y hermanas. Que por su intercesión, el Señor nos conceda a todos experimentar que los «frutos de justicia se siembran en la paz para quienes trabajan por la paz».

El Apostolado Católico Israel realizó una prédica en el colegio San Vicente de Paul con el conferencista y doctor en Teología  Fernando Casanova, de Puerto Rico. El evento se llevó a cabo el pasado 16 de diciembre. Inició a las 8:00 a.m. con aproximadamente 400 invitados, quienes pudieron compartir y disfrutar del tema “Nada es imposible para Dios”. “Fernando Casanova ha hecho un gran esfuerzo por estar en nuestro país.  Él ha traído un mensaje de paz, esperanza y fortaleza en este tiempo difícil que estamos viviendo en Honduras”, expresó Elber Palacios, coordinador del evento. Fernando Casanova fue un ex pastor protestante convertido al catolicismo, quien ha tenido una participación masiva en medios católicos. 

“El arte al servicio de la ternura, la alegría y la paz que celebramos con el Nacimiento del Niño Dios, difunda el Mensaje de la Navidad en el mundo”, alentó el Papa Francisco.
En su cordial audiencia, expresó su aprecio por esta iniciativa navideña de beneficencia, para sostener la actividad de la Fundación Scholas Occurrentes, que lleva en su corazón el Papa Bergoglio:
«Los recibo en este encuentro, que me permite expresarles mi aprecio por vuestra participación en el Concierto ‘Navidad en el Vaticano’, cuya recaudación será entregada para financiar dos proyectos en favor de los niños de la República Democrática del Congo y de los jóvenes de Argentina»
Con los sentimientos entrañables que impulsan la celebración del Nacimiento del Niño Dios, el Obispo de Roma destacó que «la Navidad es una fiesta sentida, participada, capaz de calentar los corazones más fríos, de borrar las barreras de la indiferencia hacia el prójimo, de alentar la apertura hacia el otro y el don gratuito».
Arte medio formidable para llevar al mundo la luz de la paz y de la fraternidad
«Aún hoy, hay tanta necesidad de difundir el mensaje de paz y de fraternidad propio de la Navidad; hay necesidad de representar este acontecimiento expresando los sentimientos auténticos que lo animan. Y el arte es un medio formidable para abrir las puertas de la mente y del corazón al verdadero significado de la Navidad».
Animando la creatividad y genialidad de los artistas, que con sus obras, música y canto logran alcanzar los registros de la conciencia, el Papa Francisco, expresó su anhelo:
«Que el Concierto de Navidad en el Vaticano pueda ser ocasión para sembrar la ternura, - esta palabra tan olvidada hoy: violencia, guerra… no, no: ternura. Para sembrar la ternura, la paz y la acogida, que manan de la gruta de Belén».

La pastoral  familiar de la  parroquia La Santa Cruz realizó un retiro para parejas el pasado 17 de diciembre en la iglesia Cristo Resucitado, con el objetivo de brindar un tiempo de reflexión y oración para revitalizar el matrimonio o la vida en pareja, mejorando la calidad de vida familiar, especialmente en esta época de espera y amor.

Los matrimonios se hicieron presentes a partir de las 8:00 a.m. para recibir el tema de: Navidad Tiempo de Restauración, Sanidad y Reconciliación con tu pareja.

Los invitados a  impartir el retiro fueron el predicador Jorge Gómez y Silgevi Garavito, misioneros colombianos, quienes dieron un mensaje importante a todos los presentes.

“Valorar la dignidad de cada persona, reconocer los obstáculos que se presentan en la vida Matrimonial y agrietan la relación de pareja, así como recomendaciones que conduzcan al cambio de actitudes favorables para restaurar, sanar y reconciliar su vida matrimonial y los que no tienen la gracia del Sacramento lleguen a alcanzarla. Nuestro Señor sea el centro de todas las familias y sean familias bendecidas y en victoria”.

El evento concluyo con la eucaristía presidida por el padre Héctor Mario Salazar Londoño.

Tomados de la mano de su mamá, en su mayoría madres solteras de escasos recursos económicos llegan todos los días los 16 niños que actualmente atiende la guardería Virgen Suyapa, ubicada en la colonia San Vicente de Paúl y que desde hace 28 años brinda ayuda a las personas de esta comunidad que salen a trabajar y no tienen o no pueden pagar quien cuide de sus hijos. María González de Rodríguez, es la directora de la guardería, ella trabajo aquí desde hace 18 años primero como voluntaria y hace 5 años laborando para cuidar y velar por estos pequeños que necesitan amor, atención y cuidados. La cantidad de niños varía en este lugar pues depende de si sus padres tienen o no trabajo hay meses que hay más, expresó Rodríguez. Contamos con unas instalaciones modernas y muy bonitas para que los niños se sientan bien, hay aulas para dar estimulación temprana, los niños más grandes al llegar del kínder y de la escuela hacen sus tareas. Los padres de familia pagan un costo simbólico, 150 de matrícula y L800.00 al mes. Hay padres que por su extrema pobreza no pueden pagar y se les ayuda con una beca.
La guardería es sostenida por la parroquia San Vicente de Paúl, con las donaciones que llegan se les da una alimentación digna a los niños. No recibimos apoyo de ninguna institución gubernamental, al contrario la municipalidad subsidiaba el pago del agua y la luz y ya no lo hacen, tenemos 4 meses sin agua y en cualquier momento nos cortan la luz, manifestó María Rodríguez, con un gesto de preocupación en su rostro. Don Alexander Rodríguez es un voluntario que vive en la comunidad desde hace 22 años. Viene todos los días, juega con los niños tratando de disciplinarlos a través de juegos y dinámicas, también ayuda a dar mantenimiento al lugar. Hay otras voluntarias que llegan para preparar los alimentos para los niños quienes reciben, desayuno, almuerzo y merienda. Rodríguez, recuerda que la guardería nació por iniciativa del recordado Padre Antonio Quetglas, hace 28 años siendo parte de las Obras Sociales Vicentinas Osovi, luego del huracán Mitch paso a ser dirigida por la hermanas de la Caridad, pero por falta de presupuesto la entregaron a la parroquia San Vicente de Paúl que es quien la sostiene actualmente.

La escuela del Apostolado Católico Israel, realizó los actos de graduación de los nuevos agentes de pastoral con la visita de Monseñor Ángel Garachana. La graduación inició con la eucaristía presidida por el Obispo, quien hizo una exhortación de fortaleza y ánimo descubriendo así la bendición de pertenecer como agentes de pastoral a la Diócesis de San Pedro Sula.
Posteriormente se realizó la bendición de los diplomas por parte de Mons. Ángel y la entrega de los mismos a los nuevos agente de pastoral.
Todos los presentes celebraron con un banquete compartiendo la alegría de esta gran bendición recibira por los alumnos egresados de la escuela.

Más artículos...

 

CECODI SPS AUDIOS