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Sáb, Jul

Los Diez Mandamientos han centrado un miércoles más la catequesis del Papa Francisco desde la Plaza de San Pedro en la Audiencia General a la que asistieron miles de peregrinos que escucharon la invitación a ser primero agradecidos.

Francisco comentó el inicio del capítulo sobre los Mandamientos que dice: “Yo soy el Señor, tú Dios” y explicó que aquí “hay un posesivo, hay una relación, le pertenecemos, Dios no es un extraño: él es tú Dios”.

“Esto ilumina todo el Decálogo y revela también el secreto del actuar cristiano, porque es la misma actitud de Jesús”.

Afirmó que “Él no parte de sí sino del Padre”. “A menudo nuestras obras fallan porque comenzamos de nosotros mismo y no de la gratitud. Y quién parte de sí mismo ¡llega a sí mismo!”.

El Papa dijo que “la vida cristiana es ante todo la respuesta grata a un Padre generoso” y señaló que “los cristianos que siguen solo los ‘deberes’ denuncian no tener una experiencia personal sobre ese Dios que es ‘nuestro’”.

En conclusión, “poner la ley antes que la relación no ayuda al camino de fe”.

“¿Cómo puede un joven desear ser cristiano si partimos de obligaciones, compromisos, coherencias y no de la liberación?”, preguntó. “La formación cristiana no está basada en la fuerza de voluntad, sino en la acogida de la salvación, en el dejarse amar: primero el Mar Rojo, después el Monte Sinaí”.  

Francisco destacó entonces que ser agradecido es una actitud necesaria puesto que “para obedecer a Dios se necesita ante todo recordar sus beneficios”. Incluso “alguno puede escuchar no haber tenido todavía una buena experiencia de la liberación de Dios”, es algo “que puede ocurrir”.

Ante esto, invitó a rezar porque “Dios escucha el lamento”. En resumen, “no nos salvamos solos, sino a partir de un grito de ayuda”, y esto “nos espera a nosotros: pedir ser liberados”.

“Este grito es importante, es oración, es consciencia de lo que todavía nos tiene oprimidos y no está liberado en nosotros. Dios atiende ese grito, porque puede y quiere romper nuestras cadenas”.

Los Diez Mandamientos han centrado un miércoles más la catequesis del Papa Francisco desde la Plaza de San Pedro en la Audiencia General a la que asistieron miles de peregrinos que escucharon la invitación a ser primero agradecidos.

Francisco comentó el inicio del capítulo sobre los Mandamientos que dice: “Yo soy el Señor, tú Dios” y explicó que aquí “hay un posesivo, hay una relación, le pertenecemos, Dios no es un extraño: él es tú Dios”.

“Esto ilumina todo el Decálogo y revela también el secreto del actuar cristiano, porque es la misma actitud de Jesús”.

Afirmó que “Él no parte de sí sino del Padre”. “A menudo nuestras obras fallan porque comenzamos de nosotros mismo y no de la gratitud. Y quién parte de sí mismo ¡llega a sí mismo!”.

El Papa dijo que “la vida cristiana es ante todo la respuesta grata a un Padre generoso” y señaló que “los cristianos que siguen solo los ‘deberes’ denuncian no tener una experiencia personal sobre ese Dios que es ‘nuestro’”.

En conclusión, “poner la ley antes que la relación no ayuda al camino de fe”.

“¿Cómo puede un joven desear ser cristiano si partimos de obligaciones, compromisos, coherencias y no de la liberación?”, preguntó. “La formación cristiana no está basada en la fuerza de voluntad, sino en la acogida de la salvación, en el dejarse amar: primero el Mar Rojo, después el Monte Sinaí”.  

Francisco destacó entonces que ser agradecido es una actitud necesaria puesto que “para obedecer a Dios se necesita ante todo recordar sus beneficios”. Incluso “alguno puede escuchar no haber tenido todavía una buena experiencia de la liberación de Dios”, es algo “que puede ocurrir”.

Ante esto, invitó a rezar porque “Dios escucha el lamento”. En resumen, “no nos salvamos solos, sino a partir de un grito de ayuda”, y esto “nos espera a nosotros: pedir ser liberados”.

“Este grito es importante, es oración, es consciencia de lo que todavía nos tiene oprimidos y no está liberado en nosotros. Dios atiende ese grito, porque puede y quiere romper nuestras cadenas”.

“Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras” (1 Jn 3,18). Estas palabras del apóstol Juan expresan un imperativo que ningún cristiano puede ignorar. La seriedad con la que el «discípulo amado» ha transmitido hasta nuestros días el mandamiento de Jesús se hace más intensa debido al contraste que percibe entre las palabras vacías presentes a menudo en nuestros labios y los hechos concretos con los que tenemos que enfrentarnos. El amor no admite excusas: el que quiere amar como Jesús amó, ha de hacer suyo su ejemplo; especialmente cuando se trata de amar a los pobres. Por otro lado, el modo de amar del Hijo de Dios lo conocemos bien, y Juan lo recuerda con claridad. Se basa en dos pilares: Dios nos amó primero (cf. 1 Jn 4,10.19);y nos amó dando todo, incluso su propia vida (cf. 1 Jn 3,16).

Un amor así no puede quedar sin respuesta. Aunque se dio de manera unilateral, es decir, sin pedir nada a cambio, sin embargo inflama de tal manera el corazón que cualquier persona se siente impulsada a corresponder, a pesar de sus limitaciones y pecados. Y esto es posible en la medida en que acogemos en nuestro corazón la gracia de Dios, su caridad misericordiosa, de tal manera que mueva nuestra voluntad e incluso nuestros afectos a amar a Dios mismo y al prójimo.

Ya desde las primeras páginas de los Hechos de los Apóstoles, Pedro pide que se elijan a siete hombres «llenos de espíritu y de sabiduría» (6,3) para que se encarguen de la asistencia a los pobres. Este es sin duda uno de los primeros signos con los que la comunidad cristiana se presentó en la escena del mundo: el servicio a los más pobres. Esto fue posible porque comprendió que la vida de los discípulos de Jesús se tenía que manifestar en una fraternidad y solidaridad que correspondiese a la enseñanza principal del Maestro, que proclamó a los pobres como bienaventurados y herederos del Reino de los cielos (cf. Mt 5,3)…

Ha habido ocasiones en que los cristianos no han escuchado completamente este llamamiento, dejándose contaminar por la mentalidad mundana. Pero el Espíritu Santo no ha dejado de exhortarlos a fijar la mirada en lo esencial. Ha suscitado, en efecto, hombres y mujeres que de muchas maneras han dado su vida en servicio de los pobres. Entre ellos destaca el ejemplo de Francisco de Asís, al que han seguido muchos santos a lo largo de los siglos…

No pensemos sólo en los pobres como los destinatarios de una buena obra de voluntariado para hacer una vez a la semana, y menos aún de gestos improvisados de buena voluntad para tranquilizar la conciencia. Estas experiencias, aunque son válidas y útiles para sensibilizarnos acerca de las necesidades de muchos hermanos y de las injusticias que a menudo las provocan, deberían introducirnos a un verdadero encuentro con los pobres y dar lugar a un compartir que se convierta en un estilo de vida.

 …Si realmente queremos encontrar a Cristo, es necesario que toquemos su cuerpo en el cuerpo llagado de los pobres, como confirmación de la comunión sacramental recibida en la Eucaristía…

Estamos llamados, por lo tanto, a tender la mano a los pobres, encontrarlos, mirarlos a los ojos, abrazarlos, para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de soledad.

No olvidemos que para los discípulos de Cristo, la pobreza es ante todo vocación para seguir a Jesús pobre. Es un caminar detrás de él y con él, un camino que lleva a la felicidad del reino de los cielos (cf. Mt 5,3; Lc 6,20)…La pobreza es una actitud del corazón que nos impide considerar el dinero, la carrera, el lujo como objetivo de vida y condición para la felicidad…

Si deseamos ofrecer nuestra aportación efectiva al cambio de la historia, generando un desarrollo real, es necesario que escuchemos el grito de los pobres y nos comprometamos a sacarlos de su situación de marginación. Al mismo tiempo, a los pobres que viven en nuestras ciudades y en nuestras comunidades les recuerdo que no pierdan el sentido de la pobreza evangélica que llevan impresa en su vida.

…Hoy en día, desafortunadamente, mientras emerge cada vez más la riqueza descarada que se acumula en las manos de unos pocos privilegiados, con frecuencia acompañada de la ilegalidad y la explotación ofensiva de la dignidad humana, escandaliza la propagación de la pobreza en grandes sectores de la sociedad entera. Ante este escenario, no se puede permanecer inactivos, ni tampoco resignado

 

…Invito a toda la Iglesia y a los hombres y mujeres de buena voluntad a mantener, en esta jornada, la mirada fija en quienes tienden sus manos clamando ayuda y pidiendo nuestra solidaridad. Son nuestros hermanos y hermanas, creados y amados por el Padre celestial. Esta Jornada tiene como objetivo, en primer lugar, estimular a los creyentes para que reaccionen ante la cultura del descarte y del derroche, haciendo suya la cultura del encuentro. Al mismo tiempo, la invitación está dirigida a todos… para que se dispongan a compartir con los pobres a través de cualquier acción de solidaridad, como signo concreto de fraternidad.

Dios creó el cielo y la tierra para todos; son los hombres, por desgracia, quienes han levantado fronteras, muros y vallas, traicionando el don original destinado a la humanidad sin exclusión alguna…

El fundamento de las diversas iniciativas concretas que se llevarán a cabo durante esta Jornada será siempre la oración. No hay que olvidar que el Padre nuestro es la oración de los pobres… El Padre nuestro es una oración que se dice en plural: el pan que se pide es «nuestro», y esto implica comunión, preocupación y responsabilidad común. En esta oración todos reconocemos la necesidad de superar cualquier forma de egoísmo para entrar en la alegría de la mutua aceptación.

Los pobres no son un problema, sino un recurso al cual acudir para acoger y vivir la esencia del Evangelio.

Los 11 obispos de Honduras que componen la Conferencia Episcopal del país, fueron recibidos en el Vaticano por el Papa Francisco. La “Visita ad Limina Apostolorum” tuvo lugar el pasado 4 de septiembre a las 10:30 de la mañana.
El objetivo del encuentro fue informar al Papa de todo lo relacionado con las diócesis que dirigen, además de seguir un itinerario que incluyó la visita a la tumba de los apóstoles, como signo de comunión plena con la Iglesia.
El obispo de la Diócesis de Danlí, José Antonio Canales, compartió su experiencia y dijo: “Fuimos recibidos por el Papa, con su alegría y cordialidad propia. Cada uno de los obispos, le informó de los asuntos más relevantes de cada diócesis. También hablamos del acontecer nacional, la situación política, religiosa, económica y social del país”.
Agregó que el Santo Padre reconfirmó su apoyo, en todo sentido, para que la iglesia hondureña desempeñe un mejor papel en medio del pueblo de Dios. También agradeció a los obispos el trabajo en cada una de las diócesis.
“El apoyo del Papa nos impulsa a seguir trabajando, sabiendo que no estamos solos. Tenemos primeramente la compañía de El Señor y, en segundo lugar, la del Vicario de Cristo” agregó Canales.
A la reunión que se realiza cada 5 años asistieron: Su eminencia, el Cardenal Óscar Andrés Rodríguez; el obispo Auxiliar de Tegucigalpa, Mons. Juan José Pineda; el obispo de La Ceiba, Miguel Lenihan; de Choluteca Guido Charbonneau;Darwin Andino, de Santa Rosa de Copán; Ángel Garachana Pérez, de San Pedro Sula; Roberto Camilleri de Comayagua; José Bonelo; de Juticalpa, David García; de Yoro; Luis Solé, de Trujillo; y José Antonio Canales de Danlí.
Como parte del itinerario, recorrieron los departamentos, dicasterios, congregaciones, que tratan las diferentes áreas de pastoral, y de la vida de la iglesia. Todo lo concerniente al anuncio del Evangelio de Jesucristo. Durante toda la semana, se conocieron las últimas noticias que hay con respecto a cada una de estas áreas, expresó Mons. Canales.
“Hemos vivido esta visita en un ambiente familiar, cordial y espontáneo. El Papa, al ser latino, le ha impregnado sencillez, a la Sede de San Pedro. Esto no debe sorprendernos, pues los latinoamericanos somos más directos, sin mucho protocolo.
El Papa Francisco, nos entregó un recuerdo y por nuestra parte también le dimos algunos obsequios típicos de nuestro país.
Dato curioso
El obispo Canales encargado de la pastoral juvenil, no dejó pasar el momento junto al Papa Francisco y le pidió que le regalara una selfie.

El Papa Francisco animó, en la homilía de la Misa celebrada en la Casa Santa Marta, a acudir a la confesión para vivir la Cuaresma desde la conversión.

El Santo Padre explicó que la actitud de Jesús frente a los pecados es llamar a la conversión: “No amenaza, sino que llama con dulzura, ofreciendo confianza”.

En este sentido, recordó las palabras de Dios a los jefes de Sodoma y al pueblo de Gomorra recogidas en la primera Lectura del día, del Libro de Isaías: “Venid, pues, y discutamos”.

“El Señor dice: ‘Venid y discutamos. Hablemos’. No nos asusta. Es como el padre del hijo adolescente que ha hecho una chiquillada y debe reprenderlo. Y sabe que si va con el bastón la cosa no irá bien. Debe entrar dando confianza”.

En este fragmento bíblico, el Señor “nos llama como si nos dijera: ‘Venga, venid. Tomemos un café juntos. Hablemos, discutamos. No tengáis miedo, no quiero daros bastonazos’. Y como sabe que el hijo piensa: ‘Pero yo he hecho cosas…’, rápidamente reacciona: ‘Incluso si tus pecados fuesen como de color escarlata, quedarán blancos como la nieve. Si son rojos como el carmesí, se volverán como la lana’”.

El Pontífice explicó que Jesús actúa con el pueblo pecador del mismo modo que el padre con el hijo adolescente, actuando con confianza, porque “un gesto de confianza acerca al perdón y cambia el corazón”.

Por ello, pidió dar gracias al Señor “por su bondad. Él no quiere darnos bastonazos y condenarnos. Ha dado su vida por nosotros y ahí reside su bondad. Y siempre busca el modo de llegar al corazón. Y cuando nosotros sacerdotes, en el lugar del Señor, debemos sentir las conversiones, también nosotros debemos tener esa actitud de bondad, como dice el Señor: ‘Venid, discutamos. No hay problema. Aquí tienes el perdón’, y no presentarse con amenazas”.

En este sentido, señaló que “a mí me ayuda ver esta actitud del Señor: el padre con el hijo que se cree grande, que se cree que ha crecido y, sin embargo, todavía está a medio camino. El Señor sabe que todos nosotros estamos a mitad de camino, y tantas veces tenemos necesidad de esto, de escuchar esta palabra: ‘Ven, no te asuste, ven. Te perdono’. Y esto te anima”.

Por último, animó a “ir junto al Señor con el corazón abierto: Él es el Padre que nos espera”.

El Papa Francisco renovó su llamamiento a rezar el Rosario como les pidió y enseñó a rezar la Virgen en Fátima a los tres pastorcitos. Señalando los cien años de la última cita de Nuestra Señora con Jacinta, Francisco y Lucía, el Obispo de Roma recordó la importancia de la oración, con su Mensaje para la Jornada de la Paz 2017,titulado“La no violencia: un estilo de política para la paz”. “El viernes 13 de octubre, se clausuró el Centenario de las últimas apariciones marianas en Fátima. Con la mirada dirigida a la Madre del Señor y Reina de las Misiones, invito a todos, en especial en este mes de octubre, a rezar el Santo Rosario por la paz en el mundo. Pueda la oración mover los ánimos más inquietos, para que aparten de su corazón, de sus palabras y de sus gestos la violencia, y construyan comunidades no violentas, que cuiden de la casa común. ‘Nada es imposible si nos dirigimos a Dios con nuestra oración. Todos podemos ser artesanos de la paz’” (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 1 de enero de 2017). El Santo Padre pronunció asimismo otro llamamiento, señalando la celebración del Día Internacional organizado por Naciones Unidas, con el lema “Hogar, seguro hogar: reducción de la exposición, reducción del desplazamiento.” “El 13 de octubre, también se celebró el Día Internacional para la reducción de los desastres naturales. Renuevo mi apremiante llamamiento por la salvaguarda de la creación mediante una cada vez más atenta tutela y cuidado del ambiente. Aliento, por lo tanto, a las Instituciones y a cuantos tienen responsabilidades públicas y sociales a promover cada vez más una cultura que tenga como objetivo la reducción de la exposición a los riesgos y a las calamidades naturales. Las acciones concretas, dirigidas al estudio y a la tutela de la casa común, puedan reducir progresivamente los riesgos para las poblaciones más vulnerables”.

El Papa Francisco rezó ante la tumba del Papa Pablo VI el domingo 6 de agosto en la Basílica de San Pedro con motivo del 39 aniversario de su muerte. Allí permaneció durante unos minutos orando y recordando la figura del Pontífice.

La tumba se encuentra bajo la Basílica, en las galerías subterráneas en las que también existen algunas capillas donde se celebra misa a diario.

El Papa beato

A Pablo VI se le recuerda como un hombre brillante y profundamente espiritual, humilde, reservado y gentil, un hombre de “infinita cortesía”. Es el autor de la  carta encíclica Humanae Vitae sobre la regulación de la natalidad y la responsabilidad de los padres para sus hijos, así como la transmisión de la viday que ha resultado de suma importancia para la Iglesia.

Ha sido el primer Papa en visitar los cinco continentes. Su destacado pensamiento se ve reflejado en sus mensajes, cartas, discursos pronunciados entre otros. 

Es además recordado por fomentar los diálogos ecuménicos.  En la historia de la Iglesia ha dejado huella con tantas acciones, como su exitosa conclusión del Concilio Vaticano II, así como su rigurosa reforma de la Curia Romana, el discurso ante la Organización de las naciones Unidas en 1965.

También entre sus escritos tenemos su encíclica Populorium Progressio de 1967 y en 1971 está su carta de carácter social, Octogesima Adveniens, y su Exhortación apostólica, Evangelii Nuntiandi.

El Papa Pablo VI murió, el día que se celebra la Fiesta de la Transfiguración del Señor, el 6 de agosto de 1978.

El 11 de mayo de 1993, en tiempos de San Juan Pablo II, dieron inicio al proceso diocesano de beatificación del Siervo de Dios Pablo VI y el 20 de diciembre de 2012 publicaron el decreto de la Congregación de las causas de los santos, que reconocen sus virtudes heroicas reconocidas por el entonces Papa Benedicto XVI, hoy Sumo Pontífice Emérito. 

El Papa Francisco aprobó en mayo del 2014 su beatificación y la ceremonia se llevó a cabo el 19 de octubre del mismo año en el Vaticano, y contó con la presencia de Benedicto XVI.

Fuente : Aciprensa

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