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Dom, Sep

Los caminos de nuestra conversión. Carta de la Diócesis de Trujillo

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Sacerdotes y laicos miembros del Consejo Diocesano de Pastoral de la Diócesis de Trujillo, en compañía de nuestro Obispo, hemos reflexionado sobre la situación que vivimos en Honduras en estos días previos a la fiesta de la Navidad.
Reconocemos la afluencia, entusiasmo y esperanza con que el pueblo acudió a las urnas el 26 de noviembre; sin embargo habiendo transcurrido 17 días de las elecciones generales, y sin haber resuelto el conflicto generado por el fraude que avaló el desacreditado Tribunal Supremo Electoral, sentimos la necesidad de compartir nuestro posicionamiento como cristianos católicos en momentos tan difíciles.
La voz del pueblo convertida en grito reclamando respeto a su derecho, resuena fuertemente en el oído de la iglesia Diocesana. Sentimos que es el grito desafiante de un pueblo que camina bajo el dominio de quienes históricamente atropellan, manipulan y juegan con la dignidad del pobre. Ante este drama no tenemos soluciones que ofrecer, pero si tenemos la certeza que el Dios de los pobres camina con nosotros y su reino de amor, verdad, justicia e inclusión, es la propuesta alternativa al reino de la violencia, la injusticia, la exclusión y la muerte.
Ante todo, queremos pedir perdón por no haber levantado con más fuerza nuestra voz a su debido tiempo para rechazar la violación de la Constitución por parte de la Corte Suprema de Justicia cuando dio por válida la reelección presidencial que prohíbe nuestra Carta Magna. Lamentamos no haber tomado medidas en contra de la aceptación como candidato a la presidencia de la República del actual Presidente por parte del Tribunal Supremos Electoral. Consecuencia de aquella violación de la Constitución y de la Ley electoral, hoy vivimos una etapa que está dejando serias heridas y rupturas en nuestra sociedad.
Queremos solidarizarnos con todo el pueblo que vive con mucho sufrimiento e indignación el tener que constatar, una vez más, la interminable corrupción que desde las esferas del poder político y económico le roba al pueblo la garantía de que sean respetados sus Derechos ciudadanos. Ofrecemos, de manera particular, nuestra solidaridad con las familias que han perdido sus seres queridos producto de la represión de instituciones que deberían ser las que garanticen la seguridad de los ciudadanos; como iglesia, igual que a todo el pueblo nos interesa la paz, pero el evangelio nos enseña que no puede haber paz donde no hay justicia.
Queremos estar al lado de quienes, desde su pobreza, esperan tiempos mejores y que, sin embargo, ante el juego de ambiciones que acapara a los responsables de administrar el Estado, ven desvanecerse la posibilidad de un futuro que les permita salir de su situación injusta, desigual y de exclusión.
Desde nuestros valores cristianos nos unimos a quienes luchan por una resolución del actual conflicto en base a la VERDAD, sin importar la opción política desde la que han emprendido esta lucha.
Rechazamos del Gobierno la militarización de que es objeto el Departamento de Colón, la represión con que se trata a la población y consecuente violación de sus derechos humanos, y exigimos una investigación de todos los hechos violentos, entre ellos el asesinato de más de 14 personas y el sabotaje y derribamiento de la torre-antena de Radio Progreso, en el cerro Canta Gallo, Tegucigalpa.
Como iglesia, expresamos nuestra preocupación y temor ante una posible persecución a personas que adversan su gobierno, defensoras y defensores de Derechos Humanos, luchadores sociales, comunicadores, etc. Igualmente contra organizaciones e instituciones con una postura crítica y de denuncia a los abusos.
Nos preocupa igualmente el resquebrajamiento de la institucionalidad en el país, especialmente de aquellas que han sido creadas para sostener una débil democracia y que se han ido acomodando para favorecer un régimen dictatorial en el país.
En este proceso reconocemos la fuerza, creatividad y espontaneidad de la juventud que está asumiendo los retos que la realidad pone en sus manos, así como el papel que está jugando la mujer en los diferentes frentes de lucha.
Animamos especialmente a los jóvenes a incorporar a sus vidas la lucha por la defensa de los derechos ciudadanos, como muchos de ellos lo hacen en estos momentos, pero guiados siempre por los valores de nuestra cultura democrática y nuestra fe en Dios que excluye la violencia.
Creemos que nuestra lucha no ha de ser sólo en favor de un candidato o de un partido político sino en defensa de la transparencia del resultado de las recientes elecciones y de todas las acciones y procesos propios del sistema democrático por el que Honduras ha optado.
Reclamamos el derecho a ser informados debidamente, y sin que se tergiverse la verdad, por parte de todos los medios de comunicación social, de quienes esperamos una verdadera independencia y un apego a la verdad que les permita cumplir con ética su función social.
Sugerimos a todos los miembros de la Iglesia Católica divulgar este mensaje y reflexionarlo en las reuniones de todos los grupos y organismos eclesiales. Pedimos que este posicionamiento sea correctamente interpretado como expresión de la comunión con que los católicos queremos vivir, en medio de este mundo, nuestro compromiso con Jesucristo y los valores del Reino que él ha inaugurado.
Que la Navidad que vamos a celebrar sea una oportunidad de rescatar lo que esta fiesta significa, liberados del consumismo y fortalecidos por el amor de Dios y de nuestras familias.