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Dom, Nov

Asistir a esos refugiados es una obligación de mi fe y mi sacerdocio

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El padre Khalil Ibrahím Jaar, nació en Belén, es el párroco de la iglesia de Marka Latina, Marka, Jordania, también es el director de la ONG Asociación Mensajeros de la Paz en Amman Jordania. El padre Khalil hace un gran servicio atendiendo a los refugiados cristianos con proyectos educativos, suministros de asistencia médica, alimentación etc. Él estuvo visitando a su familia en San Pedro Sula y nos dio su testimonio.

Buen Amigo: ¿Hace cuántos años se ordenó de sacerdote?
Padre Khalil: Hace 44 años que decidí servir a Jesús siendo sacerdote y sigo siendo el sacerdote más feliz. Varios de mis hermanos viven en Honduras y vengo a visitarlos.

B.A. ¿Cuál es su labor como presidente de la ONG Mensajeros de la Paz en Jordania?
P.K: Asistir y ayudar más de 1600 familias de refugiados que vienen desde Irak o de Siria después de la guerra civil, recibirlos en Jordania, darles asistencia médica, un lugar donde vivir y de manera muy especial un servicio religioso para rezar con ellos y además asistir a los niños dándoles la facilidad de frecuentar el colegio y la escuela ya que por ser refugiados no tienen derecho nada.

B.A. ¿Qué tipo de programas hay para los refugiados?
P.K. La distribución de paquetes de alimentos para unas 130 familias, la educación para unos 200 niños iraquíes que no pueden ingresar a las escuelas oficiales, talleres de capacitación para voluntarios locales y refugiados para la evaluación y divulgación de las necesidades, cursos de lengua árabe aramea, matemáticas e informática entre otras.

B.A. ¿Qué lo motivó a servir a estos hermanos?
P.K: Cuando un sacerdote lee y medita el evangelio de San Mateo, cuando Jesús dice cada vez que hiciste esto a uno de mis hermanos es a mí que me lo han hecho. Al asistir a esos refugiados, veo en ellos a Jesús Mi Señor, es una obligación de mi fe y mi sacerdocio.

B.A. ¿Cómo ha sido esa experiencia de trabajar con refugiados?
P.K. Más que una experiencia ha sido una enseñanza para mí, cuando esos refugiados vienen a mi parroquia yo los recibo y les sirvo como a los santos de Dios, los santos de nuestro tiempo, pues estas personas no dejaron su país por ser malos o criminales, sino por ser cristianos. Ellos le dan una gran bendición a mi parroquia.

B.A. El mundo está muy convulsionado ¿cuál sería su mensaje a la humanidad en general?
P.K. Un mundo sin Dios no puede ser tranquilo, como cristianos debemos tener a Dios como el ingeniero de nuestro mundo, de nuestra vida y de nuestra familia, si eso es inútil buscar la paz y la tranquilidad.