¡Feliz Pascua de resurrección porque Cristo vive y tú vives en Él!

Comparto con ustedes este gozoso y exultate deseo que es a la vez proclamación de fe. Y como hice el domingo pasado, me inspiraré en la carta del Papa Francisco a los jóvenes para ofrecerles a ustedes, creyentes en  Cristo Resucitado de la diócesis de San Pedro Sula, mi mensaje pascual.

“Cristo vive, esperanza nuestra, y Él es la más hermosa juventud en este mundo. Todo lo que Él toca se vuelve joven, se hace nuevo, se llena de vida. Entonces, las primeras palabras que quiero dirigir a cada a cada uno de los jóvenes cristianos son: ¡Él vive y te quiere vivo” (CV 1)! Así comienza el Papa su carta, con el anuncio claro y el testimonio radiante de Jesucristo, el Viviente y Dador de vida. Y esta es la exclamación Jubilosa de la Iglesia, extendida por toda la tierra, en este Domingo de Resurrección.

Hoy que se proclama la actualidad de esta buena noticia porque es el fundamento de la fe y “porque corremos el riesgo de tomar a Jesucristo solo como un buen ejemplo del pasado, como un recuerdo, como alguien que nos salvó hace dos mil años… El que nos llena con su gracia, el que nos libera, el que nos transforma, el que nos sana y nos consuela es alguien que vive. Es Cristo resucitado, lleno de vitalidad sobrenatural, vestido de infinita luz” (CV 124).

¡Él vive! Y el Papa añade: “y te quiere vivo”. Para eso vivió, murió y resucito, para que tengamos vida plena en Él, ahora y siempre. Por la fe amorosa y confiada en su persona “es posible experimentar una unidad constante con Él, que supera todo lo que podamos vivir con otras personas: “ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mi” (Gal 2,20)” (CV156).

Si Él vive en nosotros y nosotros en Él, quiere decir que siempre está presente en nuestra vida, que nunca estamos radicalmente solos y abandonados, que contamos con una presencia amorosa, vivificadora, salvadora, inquebrantable. “Aunque todos se vayan Él estará, tal como lo prometió”: “Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt 28,20). Él lo llena todo con su presencia invisible” (CV 125). Podrás sentirlo a tu lado no solo cuando ores. Reconocerás que camina contigo en todo momento.

Si Cristo vive quiere decir que ha vencido al pecado y a la muerte, que la última palabra no la tiene la fuerza del mal sino el amor del Padre y “la eficacia de su fuerza poderosa que desplegó en Cristo, resucitando de entre los muertos” (EF 1,19-20). “Si Él vive eso es una garantía de que el bien puede hacerse camino en nuestra vida y de que nuestros cansancios servirán para algo. Entonces podemos abandonar los lamentos y mirar para adelante, porque con Él siempre se puede” (CV127).

Con Él se puede arrancar el egoísmo del corazón y amar como Él nos ha amado; con Él se puede transformar la tristeza y decepción en alegría y esperanza; con Él se puede encender la luz de la verdad en las alturas y en las bajuras de la mentira y la corrupción; con Él se pueden superar relaciones de inequidad y consolidar comportamientos y estructuras justas; con Él se pueden formar familias que sean comunidad del amor entregado y santuarios de vida; con Él se puede purificar y renovar la Iglesia, para que sea fiel a su vocación y misión. Con Él, porque “cualquier otra solución será débil y pasajera. Quizá servirá para algo durante un tiempo y de nuevo nos encontraremos desprotegidos, abandonados, a la intemperie. Con Él, en cambio, el corazón está arraigado en una seguridad básica, que permanece más allá de todo” (CV 128).

 

¡Aleluya, aleluya, aleluya!

 

 

+ Ángel Garachana Pérez, CMF

Obispo de San Pedro Sula