En la solemnidad de San Pedro y San Pablo, el 29 de junio, dio el sí definitivo para servir al Señor  durante toda su vida la hermana Ana Patricia Rodríguez Cameros, de la congregación María Inmaculada Misioneras Claretianas. La Santa Eucaristía fue oficiada por monseñor Ángel Garachana en compañía del párroco Luis Amador y el Padre Alex Ramos.

La celebración fue en la comunidad de Fátima, de la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, sede de la congregación. Familiares, amigos y miembros de la parroquia llenos de alegría fueron testigos de la profesión de votos perpetuos de la hermana Ana Patricia.

La superiora de la residencial, comunidad Florida, hermana Severiana Pilar Recio presentó Ana Patricia, Ella pidió ser aceptada en esta congregación, manifestando su deseo de vivir en obediencia, imitar a Jesucristo y como él vivir la entrega total dedicándose al servicio de Dios y los hermanos. La representante de la Provincia de Guadalupe, Ondina Rodríguez Cortes, recibió la consagración que Ana Patricia hizo a Dios dentro de la familia Misioneras Claretianas.

En su homilía monseñor Ángel recalcó que todos estamos llamados a vivir en la comunidad religiosa. La Iglesia es comunión, comunión en Cristo que se  vive de diferentes maneras, los laicos normalmente viven esa comunión espiritual y afectiva, la expresan en los encuentros litúrgicos y en diversas reuniones; pero hay personas que son llamada por Dios a vivir con otras hermanas o hermanos, a vivir social y públicamente formando una comunidad unida únicamente por Cristo, como las Misioneras Claretianas.

“Patricia va a vivir perpetuamente en esa comunidad religiosa con el carisma de María Antonia Paris y San Antonio María Claret. Va a vivir ese encuentro con Jesucristo y anunciarla a todo el mundo como madre Antonia París lo expresaba en su frase “Quiero unir la acción  con la contemplación. La contemplación como esa experiencia de estar con el Señor y la acción de estar  como el testimonio con la palabra dicha y con las obras de lo que hemos vivido en la contemplación”.

Al concluir el rito de la profesión perpetua, la hermana Ana Patricia recibió las felicitaciones y muestras de afecto de su congregación, y de toda la comunidad presente. Agradeció al Señor por haberla llamado, por haberla convocado para servirle a él y a los demás. También a sus padres Marco Antonio Rodríguez y María Olimpia, a sus hermanos y a personas muy queridas de esta comunidad, y de su país de origen Guatemala, a los hermanos y amistades de los países donde he ofrecido mi servicio en El Salvador y España pues la mayor parte de mi tiempo he estado en Honduras, donde llevo 11 años.