Desde hace 5 años Dios me ha pedido, por medio de nuestro obispo Ángel Garachana, que acompañe, oriente y asesore a una de las poblaciones pastoralmente hablando más especiales de nuestra diócesis; me refiero a la Pastoral Juvenil. Sin duda que ha sido toda una escuela. He comprendido una vez más que nadie nace aprendido. Si la vida misma es una escuela en todos los ámbitos de nuestra existencia, la vida pastoral no es una excepción.

Al trabajar con y entre ellos (los jóvenes) tomo conciencia de la necesidad que tienen de ser acompañados, de alguien que les ayude a vislumbrar el horizonte; buscan continuamente prototipos, referentes que puedan seguir, que puedan imitar. Por eso es una etapa especial para presentar la Persona, el Mensaje y el estilo de vida de Jesucristo. La Iglesia nos enseña en el Concilio Vaticano II: “el misterio del hombre se descubre solo a la luz del Verbo encarnado: JESUCRISTO”. Solo cuando los jóvenes descubren esta verdad le encuentran verdadero sentido a su existencia.

En nuestra diócesis de San Pedro Sula hemos querido irle dando continuidad al trabajo que ya se estaba haciendo; por muchos años, y desde la propuesta del CELAM para toda la Pastoral Juvenil de América Latina con el proyecto: “La civilización del amor” se presentaba la persona de Jesucristo, la vida en comunidad y la incidencia en la vida pública por medio de las tres etapas que para los que trabajamos con los jóvenes o que ya hemos vivido la etapa de la Juventud en la Iglesia ya son muy conocidas, a saber: Iniciación, nucleación y militancia.

Ya en años más recientes, siempre desde la Pastoral Juvenil Latinoamericana, en uno de los Congresos Latinoamericanos de dicha Pastoral, los participantes dijeron: “nos sentimos llamados a ponernos en camino al encuentro de los jóvenes y adolescentes…ya que la vida de los jóvenes está en diversos ambientes (la calle, los barrios, los colegios, centros comerciales, internet, discotecas, trabajo, etc.)…comprendemos entonces que la Pastoral debe estar orientada a ponerse en camino, al encuentro en estas realidades; es así que se propone el PROCESO DE REVITALIZACIÓN de la Pastoral Juvenil.

Este proceso de revitalización de la Pastoral Juvenil es un proceso en 4 movimientos, a saber: FASCINAR, ESCUCHAR, DISCERNIR, CONVERTIR. Este proceso de revitalización quiere dar Espíritu a nuestro trabajo con la Pastoral Juvenil. Es un camino gradual que nos lleva a un seguimiento, un discipulado y una misión.

Es por este camino de revitalización que intentamos llevar la Pastoral Juvenil actualmente en nuestra diócesis sampedrana.

Luis Alfonso Amador Ríos, Pbro.

Asesor Diocesano de Pastoral Juvenil

Diócesis de San Pedro Sula