Desde la fe miro e invito a todos a mirar nuestra diócesis en este 56 cumpleaños. A recorrer con la mirada los años trascurridos y a  reconocer la presencia del Señor que nos llama a ser aquí su pueblo y a dar testimonio de su amor.

Una mirada de fe que dirijo en primer lugar a mí mismo, próximo a cumplir los 25 años como tercer obispo diocesano, para recordar con San Pablo que no estoy aquí como señor de la fe sino como cooperador de la alegría de ustedes (2 Cor 1, 24) y como llamado a hacer de esta Iglesia local una casa y escuela de comunión, manteniendo actitudes de sencillez y cercanía, de afecto, de escucha, compasión, animación más que de poder y “mandato”. Querer a la gente. CS 105

Mirada de fe que me lleva, que nos lleva,  a querer a la gente. A mirar a la gente con el cariño con el que el Señor nos mira. A mirar a la gente en primer lugar  más que a las estructuras, las construcciones necesarias, los proyectos, los organigramas , los tiempos…porque “queremos revisar que la doctrina, las normas, las orientaciones éticas y toda la actividad misionera de la Iglesia, deje transparentar esta atractiva oferta de una vida más digna, en Cristo, para cada hombre y cada mujer. CS 273.

Una mirada de fe que me lleva, nos lleva , a poner la mirada en Jesús, Cristo y Señor, autor y consumador de nuestra fe, que nos sigue diciendo trae tu dedo, trae tu mano, acércate a mis llagas. A las llagas viejas de una historia generadora de exclusión;  a las llagas nuevas de una globalización que exacerba el afán de poseer, de dominar a cualquier precio; a las llagas que señalábamos en las Constituiciones Sinodales : “niños y niñas trbajadores, inmersos en las peores formas de trabajo;  niños y niñas de y en la calle; madres adolescentes y mujeres excluidas, marginadas y explotadas; personas con retos especiales, personas con diversas enfermedades físicas, psiquicas y espirituales;  adultos mayores abandonados; campesinos sin tierra; drogodependientes y minorías etnicas postergadas “CS 393. Como los discípulos siento  impotencia y dolor ante esta realidad. Como el padre de aquel niño al que los discípulos no pudieron sanar,  también oro  e invito a orar diciendo: Señor, yo creo, aumenta mi fe.

Aumenta nuestra fe para que, desde nuestra debilidad y nuestros fallos, juntos, en la diversidad de  tareas y ministerios,  con alegría evaluemos, revisemos y renovemos nuestra misión. 

+Ángel Garachana Pérez CMF