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Dom, Sep

“Misionero obispo – obispo misionero”

 · Me defino a mí mismo como “misionero obispo”. Esto soy por gracia de Dios y mediación de la Iglesia y así quiero comportarme.

 · El misionero obispo no nace, lo hacen y se hace. ¿Cómo me he ido haciendo? ¿Cuál ha sido la trayectoria, el itinerario que me ha llevado a lo que ahora soy, obispo misionero? Es lo que quiero compartir con ustedes en esta “Cena de pan y vino” en favor de las obras sociales claretianas del sector Rivera Hernández en San Pedro Sula.

 · Desde niño quería ser sacerdote misionero, como un misionero de mi pueblo. Los niños, a su modo y manera, también saben lo que quieren. A mí me proponían otras vocaciones y yo dije que no, porque no respondían a lo que yo quería. En el seminario menor, entre los 14 y 18 años, me entusiasmaba cuando nos visitaban famosos misioneros claretianos. Recuerdo entre otros al P. Erice misionero entre los indios Kunas de Panamá y al P. Galdácano, misionero en Japón.

 · Cuando en el noviciado, antes de la primera profesión religiosa, me preguntaron qué quería ser, respondí que misionero claretiano. Iba a cumplir 20 años.

 · Y ese ideal y entusiasmo misionero es el que me motivó, inspiró y orientó durante los cuatro años de formación filosófica en Sto Domingo de la Calzada (La Rioja) y los cuatro de teología en Roma y Salamanca. De manera que, un mes antes de mi ordenación sacerdotal, cuando el Superior Provincial me preguntó dónde quería ser destinado, le respondí: “a los misiones de Honduras o Panamá de la Pronvinai Claretiana de Castilla”. “Irás a Honduras”, me respondió.

 · Y es así como en octubre de 1972, llegaba a San Pedro Sula, con mi título académico de licenciado en teología por la Universidad Pontificia de Salamanca, con unas ganas inmensas de realizar mi vocación de misionero claretiano y bajo el cuidado y orientación de quien me quiso como un padre, el P. Cruz Ripa.

 · Al día siguiente de llegar, empapado el cuerpo de sudor por aquel novedoso calor tropical pero con voluntad clara y decidida me dije: “estoy en Honduras. Tengo que hacerme hondureño”. No dije “catracho” porque entonces no sabía yo de esa nomenclatura. Y por primera vez en mi vida comí las tortillas de maíz que me hizo Doña Lilian de Mena.

 · Tres años de misionero, como vicario, en la extensísima y nueva parroquia de Guadalupe y consiliario diocesano de Cursillos de Cristiandad. Aunque, la verdad, empecé de viceconsiliario.

 · Y como he sido entusiasta misionero, pero no alocado misionero, me dije: “Ángel, practica lo que has leído y aprendido sobre las actitudes del buen misionero”.

o Lo primero amar, querer a las personas, la cultura, los lugares donde estás, con lo bueno y no tan bueno que tengan. Sin amor no hay misionero.

o Y segundo, conocer por experiencia la realidad a la que has sido enviado. Y para conocer comprendí que el camino era: ver con ojos limpios, sin prejuicios, la realidad; escuchar a las personas y a la historia de este pueblo y pensar, reflexionar lo que veía y escuchaba. Ver, escuchar, pensar me resultó buen método de aprendizaje misionero. Tres años felices que me marcaron para siempre, con “marca país”.

 · Como muchos de ustedes saben, especialmente los de avanzada edad como la mía, fui a España de vacaciones a finales de Junio de 1975 con la intención de volver a Honduras a los tres meses. Pero no volví. Me quedaron en España. Mis superiores me dejaron en España como formador de los seminaristas claretianos.

 · El Superior Provincial me alababa ante los jóvenes formandos claretianos diciéndoles que el nuevo formador tenía una “fuerte experiencia apostólica”. Luego, los jóvenes, que fácilmente buscan la parte humorística, me decían que el Superior les había dicho que tenía la “FEA”, “¿Cómo?”. “Sí, la FEA: Fuerte Experiencia Apostólica”.

 · El mismo superior para animarme a mí, porque me veía muy afectado, me citaba un texto de San Antonio María Claret, recogido en las Constituciones: “si salvar un alma es tan importante, cuánto más importante será formar misioneros que un día, esparcidos por el mundo, salvarán muchas almas”. Así que durante 13 años fui misionero formando misioneros.

 · En enero de 1992 mis hermanos claretianos de la Provincia de Castilla me eligieron Superior Provincial. Renuncie pero no me aceptaron la renuncia. Me querían de Superior Provincial.

 · Para animarme releí y medité lo que yo bien sabia, porque lo había explicado como formador, que las Constituciones de la Congregación indican a los Superiores que uno de sus deberes más importante es “dirigir e impulsar la comunidad a una intensa vida y actividad misionera”.

 · Se me pedía pues que viviera el servicio de autoridad que mis hermanos me encomendaban como un “servicio misionero”.

 · Y en esas estaba, durante tres años (1992-1995), cuando sorpresivamente el Sr. Nuncio de Su Santidad en España me llamó para comunicarme que el Papa Juan Pablo II me había nombrado obispo de San Pedro Sula.

 · Me resistí, puse objeción tras objeción pero no me sirvió de nada. El Sr. Nuncio para ablandarme me tocó la fibra misionera:

o Usted es misionero, como antes lo envió su superior a San Pedro Sula, ahora es el Papa quien lo envía.

o Usted dice que su corazón es misionero por eso el Papa le envía a una diócesis misionera.

o Usted es claretiano, su Fundador fue un misionero obispo o un obispo misionero.

 · A pesar de estos argumentos le pedí unos días para pensar, consultar, orar y decidir. No debía resistirme; el Señor, por medio de la Iglesia, me quería misionero obispo.

 · Empezaba una nueva forma de ser misionero claretiano, misionero en el ejercicio del ministerio episcopal. Y de esto hace ya 23 años.

 · Y ¿en estos 23 años he sido un “obispo misionero”? Me respondo a mí mismo diciendo que así entiendo y siento el episcopado, que así he querido ser y que esta es la improntan que he querido marcar en la diócesis.

 · Misionero porque estoy acá como “enviado”. No me he autoelegido y autodenominado obispo, como algunos pastores que se autoconstituyen “apóstoles”. Fui nombrado obispo de San Pedro Sula y enviado como tal por el Papa Juan Pablo II. A través de la mediación eclesial del Papa era el Señor Jesucristo quien me “estaba enviando”, me constituía obispo misionero.

 · Misionero porque me he encarnado donde he sido enviado. Ser enviado implica dejar lugar, personas, costumbres, cultura para zambullirse del todo en el nuevo lugar, en las nuevas relaciones, en la nueva cultura. Yo me siento “encarnado” entre ustedes, metido en los “zapatos hondureños”, mejor, en los caites hondureños. Yo conocí en mi pueblo los caites, solo que allá los llamábamos “abarcas”. Amo esta tierra, amo esta iglesia, los amo a ustedes.

 · Misionero porque no quiero replegarme en el puerto seguro por miedo o rutina sino que quiero ir “más allá”, siempre más allá, en misión permanente, de lo más evangelizado a lo menos evangelizado, de los más cercanos a los más alejados, de los ambientes más impregnados de evangelio a los más refractarios.

 · El acontecimiento – documento de Aparecida y el Papa Francisco me han confirmado y renovado en esta opción. Me preparé para a Conferencia General de Aparecida, participé activamente en ella y salí dispuesto a vivir y difundir su espíritu y su letra. Puse tanto empeño, que en cierta ocasión una religiosa les comentó a otras hermanas: Ahí viene el “aparecido”.

 · Y con el Papa Francisco me digo y repito: “tienes que ser un obispo en salida, no en repliegue”; “tienes que animar una diócesis en salida no en encerramiento”.

 · Misionero porque he hecho lo que el Señor Jesús hizo inmediatamente después de comenzar el anuncio del Reino de Dios, llamar a otros. Me encontré con muy pocos sacerdotes hondureños y quise ser yo el primer promotor y animador vocacional, motivando y organizando la pastoral vocacional en la diócesis con sacerdotes, religiosas y fieles laicos que vivieran su vocación convirtiéndose en “convocantes”, respondieran a su llamada haciéndose ellos mismos “llamadores” de otros.

 · Desde el principio quise que aumentaran el número de congregaciones religiosas femeninas en la diócesis. Yo soy religioso y aprecio, estimo y apoyo a la vida religiosa. Hoy tenemos 34 comunidades y 153 religiosas.

 · ¿Y cómo olvidarse de ustedes, los laicos? ¿Qué sería la diócesis de San Pedro Sula sin sus laicos? ¿Qué seria sin delegados, catequistas, animadores de comunidades, agentes de pastoral social, etc, etc? Por eso he querido ser obispo misionero suscitando y formando agentes laicos de pastoral e implicándolos en la planificación, realización y evaluación de la vida y misión de la diócesis.

 · Misionero porque, al igual que mi Fundador San Antonio María Claret, siento como dirigidas a mí las palabras del profeta Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mi porque me ha ungido para evangelizar a los pobres”. Palabras que Jesús se aplicó a sí mismo en Nazaret. El llamado a anunciar el evangelio a los pobres ha resonado muy fuerte en mi experiencia vocacional. Si me piden que resuma en pocas palabras vivencia espiritual me quedo con estas dos: Dios y los pobres.

 · Miro a Jesús pobre y al servicio de los pobres, para que tengan vida y me digo a mi mismo que como Él tengo que ser y hacer yo. Ciertamente no me faltan las cosas materiales necesarias. Tengo casa, comida, ropa, libros y trabajo. Pero vivo sobriamente y sin exigencias. Posesiones propias no tengo. Ni siquiera el carro que yo manejo es mío. Es de la diócesis de San Pedro Sula y a nombre de ella está. ¡Y va a cumplir 15 años! Como ciudadano español disfruto de una jubilación que, aunque es pequeña, para mí, mayor, sin mujer y sin hijos será una ayuda suficiente cuando en los próximos años la necesite.

 · Como misionero, al estilo de Jesús, tengo un corazón universal, para todos, pero desde los pobres. Es muy importante el lugar desde el que contemplamos la realidad. La realidad de los pobres en Honduras siempre me impacta y conmueve, aunque reconozco que me acecha la tentación de acostumbrarme, de endurecer el corazón y perder sensibilidad.

 · Ya he compartido con ustedes algo de mi vida en clave misionera. Al dar un testimonio y tener que hablar uno de sí mismo siempre existe el peligro de poner el “yo” en primera plana y ceder sutilmente a la vanagloria. Les ruego, entonces, que no se queden en mí sino que lleguen a Aquel por cuya gracia soy lo que soy y he hecho lo que he hecho, Nuestro Señor Jesucristo. A Él el poder, el honor, la gloria y la alabanza por los siglos de los siglos. Amen.

 

+ Ángel Garachana Pérez, CMF

Obispo de San Pedro Sula

Tomado de la “Cena de pan y vino”

7 – 1 – 2018

Un grupo de jóvenes de diferentes congregaciones religiosas, se reúnen en los salones de la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, con el fin de recibir formación sobre la vida consagrada.

La Hna. Amilbia Penagos, Claretiana, quien reside en nuestro país desde el 2014, es una de las maestras responsables de la formación de las jóvenes que han optado por este estilo de vida. Ella comenta que ha sido una dura lucha librada por hermanas que vinieron años atrás, y que con mucho esfuerzo y la ayuda de algún sacerdote, han creado la Escuela de Formación para las etapas iniciales de aspirantado, postulantado, noviciado y juniorado.

Las jóvenes reciben formación en las diversas áreas de la teología, explica la religiosa, por ejemplo, eclesiología, mariología, carismas, formación en vida consagrada, etc.

Las clases son por semestre y las materias son sistematizadas. Entre los maestros hay sacerdotes laicos, hermanas religiosas, quienes se comprometen a dar la clase por todo el semestre.

La formación para el noviciado es de dos años. Las postulantes tienen un año, allí también está un poco organizada la parte de Iniciación en Sacramentos, Iniciación en Sagrada Escritura Iniciación en Vida Religiosa, en Carismas de la Vida Consagrada.

Por ahora las estudiantes son alrededor de 30, entre ellas están las Hermanas Agustinas del Amparo, las Hijas de Jesús y María, las Hermanas Jesús Buen Samaritano, la Claretianas, también las Misioneras de María Inmaculada y otras más.

Las postulantes y aspirantes reciben la formación cada quince días y las novicias, que asisten todas las semanas, tienen dos días intensos de formación, de 8 a 12:30 los martes, y de 8:30 a.m. hasta 2:30 p.m. los miércoles. No todas las estudiantes residen en la ciudad, algunas vienen de Pimienta, otras de La Lima y hay una que se desplaza desde Comayagüela, quien para poder cumplir con esta responsabilidad, debe madrugar, recibir la formación y regresar ese mismo día a su lugar.

“El trabajo es muy bonito, nos dice la Hna. Amilbia, uno ve la inquietud de las jóvenes por prepararse a la vida religiosa, lo toman con mucha seriedad. Son momentos de integración bonitos, y a la vez uno ve jóvenes diferentes, que en medio de una juventud que quiere otra cosa, estos jóvenes o estas jóvenes, son capaces también de hacer renuncias tan significativas y querer seguir a Jesús de esta manera exigente, pero a la vez sienten que esto las realiza, que seguir a Jesús, vale la pena, que les llena. Eso, me parece a mí, muy bonito, muy rescatable en los jóvenes de hoy, que tienen tanto distractores y sin embargo son capaces de ponerse en camino.”

La Coordinadora de todos los grupos de la Escuela de Formación Inter-Congregacional, es la Hna. Reina Isabel García Ortega, hondureña y que pertenece a las Hermanas Agustinas del Amparo, quienes prestan su servicio en la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe.

Texto e imágenes: Victoria Cotton

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Intercongregacional

El día lunes 4 de abril, a las 7:00 de la mañana y en el marco de la celebración de la Eucaristía, la comunidad de Hijas de la Caridad presente en la Costa Norte de Honduras, renovaron sus votos en la Capilla de Monte Horeb.

Dicha celebración estuvo presidida por el Padre José Vicente Nacher, párroco de San Vicente de Paúl, de San Pedro Sula. En un momento sencillo en la intimidad con Dios, la renovación se hizo en silencio después de la homilía, la renovación de votos, ha sido precedida por dos días de reflexión acompañada, por Monseñor Luis Solé, obispo de la Diócesis de Trujillo y el Padre Ismar de León, Director Provincial de las Hijas de la Caridad.

La emisión de los votos por primera vez y la renovación anual de los votos, son una confirmación de su consagración, un nuevo Sí pronunciado en libertad a la vocación a la que Dios les ha llamado.

En esta celebración, se reunieron las Hijas de la Caridad presentes en ocho comunidades locales de Honduras: Wampusirpe, Puerto Lempira, Sabá, Sangrelaya, La Ceiba, Trujillo, Puerto Cortés, y San Pedro Sula.

La Conferencia Nacional de Religiosas y Religiosos de Honduras (Confehre), se prepara para celebrar desde el 27 de octubre al 30 del mismo mes, el congreso de la vida religiosa, que se celebrará en la Ciudad de Valle de Ángeles.

El Centro de Comunicaciones de la Diócesis (CECODI) de la ciudad, conversó con Teresa García, representante de Confehre, de la diócesis de San Pedro Sula y manifestó: “Durante el congreso se espera la participación de 300 religiosos de las distintas congregaciones diseminadas en todo el territorio”.

Durante el Congreso de la Vida Consagrada, se abordará como tema central: “Los desafíos que la vida religiosa presenta hoy a nivel de Iglesia”. Para Teresa García, la ejecución del congreso es de vital importancia y expresó: “Esperamos que realmente interese a las congregaciones religiosas participar de esta actividad, queremos culminar así el año declarado a la vida consagrada”.

Llamado

La representante de Confehre, de la diócesis sampedrana, aduce que en esta serie de actividades, la mayor parte de los participantes son agrupaciones religiosas femeninas.

Resaltó que la vida religiosa masculina tiene poca participación. “Generalmente de la vida religiosa masculina, solo participan dos o tres agrupaciones. La mayor parte de representantes somos mujeres que nos hemos dedicado el servicio a Dios, asegura Teresa García.

Año Jubilar

Teresa García afirma que durante la realización del Congreso de la Vida Religiosa, se plantearán las ideas para dar forma a la planificación de las actividades que se realizarán durante el Año Jubilar de la Misericordia. 

García será parte de las religiosas que estarán en el Vaticano desde el ocho de diciembre. La religiosa manifestó, “Estaré en la apertura, en representación de la congregación Cenáculo Dominicano, en donde participaremos en una asamblea precapitular”.

El 13 de Diciembre del año 2015, la Catedral San Pedro Apóstol de la ciudad de San Pedro sula, en un acto especial dirigido por el obispo diocesano Monseñor Ángel Garachana, mediante celebración eucarística, abrirá las puertas del templo para declarar el Año de la Misericordia para la diócesis que pastorea.

“Ese día culminaremos la Asamblea Intercapitular y estaremos en el acto de apertura en la catedral sampedrana", aseguró la religiosa de la congregación Cenáculo Dominicano, Teresa García.

Asambleas Intercapitulares

Durante las asambleas intercapitulares, la congregación Cenáculo Dominicano, a la cual pertenece Teresa García, se abordarán temas sobre el caminar de la vida religiosa. “En esta ocasión, son a nivel de congregación, debido al sinfín de desafíos a los que los hermanos y hermanas de las congregaciones tienen en el transcurso de su transformación para el servicio a la Iglesia Católica”.

Con el desarrollo de asambleas, se buscan hacer estudios de las razones por la que los jóvenes no buscan el servicio a Dios desde las congregaciones religiosas. Buscan hacer un llamado a las vocaciones sacerdotales que se han perdido.

Advocaciones

Durante el año a la vida consagrada, en los distintos tiempos litúrgicos, la Iglesia Católica dedica un tiempo a la celebración de las festividades marianas y a la conmemoración de la vida de Jesucristo en sus distintas facetas.

La congregación de Hermanas Agustinas del Amparo, de la ciudad de San Pedro Sula,  cuya advocación mariana es la de “Nuestra Señora de la Consolación”, le da importancia a la Virgen María, como la primera mujer que dice "sí" a la voluntad del Padre. Nora Alicia Salvado, Reina María Calderón y Migdalia Medina, pertenecen a dicha congregación. 

Calderón, expresó: “Para nosotros, como católicos, las advocaciones son muy importantes. Hay que hacer un equilibrio sano, a Jesús y a la Virgen María”. Por su parte, Nora Salvado, afirmó, “Me llama la atención, cómo la Virgen María se manifiesta en los momentos litúrgicos, ya que es necesario saber cuándo celebrar una festividad a María, para poder vivir el acto”.

Las Hermanas Agustinas del Amparo festejan “Nuestra Señora de la Gracia”, que es considerada la patrona de la orden. “Nuestra Señora de la Consolación”, es otra de las patronas que venera la congregación. Inicialmente la orden tenia cuatro advocaciones marianas, y en el transcurso del tiempo, algunos Papas han ido distribuyendo, ya que los padres redentoristas no tenían ninguna advocación. Actualmente, los redentoristas, tienen como advocación mariana a “Nuestra Señora del Pilar”.

“María es el modelo a seguir en nuestra agrupación religiosa, que nos ayuda a colaborar para la revelación de la vida de Dios”, argumentó la hermana, Nora Salvado. Migdalia Medina, que participa de la vida religiosa de la congregación Hermanas Agustinas del Amparo, concluye que la relación de las advocaciones marianas con el tiempo litúrgico es un espacio en que las congregaciones se forman, ya que no es parte de los ministros que participan en el sacramento de la eucaristía. “Esto nos ayuda descubrir el camino que dejó la Virgen María, que es el camino a Jesús.” 

 

Dentro de las actividades relacionadas con la jornada mundial de oración por las vocaciones, los seminaristas del seminario mayor “Nuestra Señora de Suyapa”, visitaron las diferentes parroquias de la diócesis de San Pedro Sula, llevando el mensaje de su vocación y de cómo se dió inicio su peregrinar por el camino a la vida consagrada, a la vida sacerdotal. Ellos recoraron que no importa la edad, el lugar, o los medios cuando uno desea responder al llamado que Cristo ha hecho a sus corazones.

Todos han sacado fortaleza para salir adelante y llegar a las puertas del seminario dando el Si más importante de sus vidas, el Si a imitación de nuestra madre María, a entregar sus vidas al sacerdocio.

“La Iglesia se convirtió también en mi madre, que me educó y me formó integralmente y ahora se lo agradezco. Y me siento muy contento de que Jesús el Buen Pastor es el que me está guiando”, compartió Milton Rodríguez, seminarista en su testimonio en su visita a la Catedral San Pedro Apóstol.

En el monasterio de las hermanas de la orden de La Inmaculada Concepción de María
en La Sabana, Cortés, el pasado fin de semana, hizo la proclamación de sus votos temporales la hermana María José, dentro de la celebración de la eucaristía presidida por Monseñor Ángel Garachana.


Luego de proclamar sus votos, y recibir la bendición de Monseñor Ángel, la hermana María José, fue investida con las ropas de la orden, asumiendo el compromiso con su comunidad contemplativa, dedicada a alcanzar la perfección del amor a Dios y a los hermanos, teniendo por modelo a María Inmaculada.

 

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Proclamación de Votos Temporales Hermana María José

El Hogar Don de Jesús, a cargo de las Misioneras de la Caridad, Congregación fundada por la Beata Madre Teresa de Calcuta, se encuentra localizado en la Colonia Bográn, de esta ciudad. Su objetivo es albergar a ancianos abandonados y varones adultos con VIH-SIDA, en fase terminal.
A principio de los 90, el Obispo de la Diócesis de San Pedro Sula, Mons. Jaime Brufau, le preocupaba muchísimo el incremento de casos de VIH-SIDA, en la población sampedrana. Y atendiendo a su solicitud, las Hermanas de la Caridad, comenzaron a ocuparse de este flagelo, recogiendo a los moribundos de las calles de esta ciudad y atendiéndolos en una sala habilitada para ese propósito, en el Hospital Leonardo Martínez. En ese entonces, no existía ninguna organización que se hiciera cargo de estos enfermos, por lo que la asistencia brindada por las religiosas constituía y lo continúa siendo en la actualidad, un gran paliativo para los que sufren de esta enfermedad.
Seis años más tarde, el 12 octubre de 1998, el Hogar Don de Jesús, se traslada a sus propias instalaciones en la Colonia Bográn, con un grupo de 30 enfermos, entre los cuales hay 19 hombres y 11 mujeres, sin embargo, ya en el año 2004, las mujeres y los niños son atendidos por el Hogar Don de María, en Comayagua, destinando el Hogar de San Pedro Sula, exclusivo para la atención a varones.
El objetivo primordial del Hogar ha sido facilitar asistencia inmediata a enfermos críticos, a fin de que mueran con dignidad; sin embargo, a medida que se avanza en las investigaciones sobre la enfermedad y los medicamentos, que ahora son más efectivos, se ha extendido este objetivo en posibilitar el restablecimiento físico de los enfermos, a fin de que puedan volver a reintegrarse a sus actividades normales, en la medida en que su condición de salud se los permita. También se trata de proveer de medios necesarios para su reintegración familiar, o en caso de que el residente carezca de familia, se le da acompañamiento hasta que logre independizarse.
El Hogar es en sí, la realización completa del cuarto voto del carisma de las Misioneras de la Caridad, que es el servicio gratuito, y de todo corazón, a los más pobres de entre los pobres.
En cuanto a la asistencia, se brinda atención caritativa sin distinción de raza, religión, sexo, nacionalidad o nivel social, desamparado o no, en atención semi hospitalaria de internos, con servicio de enfermería y médico. Acompañamiento y transporte a los diferentes centros de salud, según las necesidades. El Hogar también les brinda medicamentos para enfermedades oportunistas y les ayuda a integrarse a los programas de antirretrovirales del gobierno.
Asimismo, se les da acompañamiento espiritual, a fin de que el residente conozca y acepte su realidad, para restablecer su dignidad como persona e hijo de Dios y lograr una mayor responsabilidad en su actuar integral, para obtener una mejor calidad de vida. Se les imparten clases de catequesis y charlas preparatorias para recibir los sacramentos a quien lo solicite.
En el Hogar los residentes reciben una apropiada alimentación y vestuario digno e higiénico. Cada uno de ellos, dependiendo de su estado de salud, debe participar en las actividades y labores diarias de cuidado y manutención del Hogar; sin faltar las actividades recreativas para mantener el espíritu de animación, a fin de lograr una corresponsabilidad en su misma rehabilitación. También se ofrece apoyo alimenticio a familias de pacientes que se encuentran en extrema necesidad.
El hogar es atendido por seis religiosas, cada una de ellas con diferentes responsabilidades, según las distintas áreas, ayudadas por voluntarios y colaboradores, dependiendo plenamente de la Divina Providencia. “Vivimos de la caridad y hacemos la caridad. En este caminar mano a mano, con personas con VIH positivo, hemos aprendido mucho y hemos recibido mucho, y estamos agradecidas a Dios por habernos escogido para esta misión, y después, al pueblo de Honduras, por habernos abierto su corazón y su país para compartir un poquito de amor de Dios con todos ustedes.”
La calidad de vida de los enfermos ha mejorado notablemente, aunque no como las religiosas quisieran, sin embargo, las campañas de información y formación que se organizan en parroquias, escuelas, colegios y otras instituciones han valido para concientizar y sensibilizar a las personas, aunque no deja de existir discriminación y estigmatización dentro de la sociedad. El total de admisiones en el Hogar ha sido de 1,215 personas, entre 785 varones y 430 mujeres, de ellos, 578 personas han fallecido.
La labor de las Misioneras de la Caridad, no se reduce a sus actividades dentro del Hogar, ellas también tienen otros apostolados, como la atención a niños desnutridos. Cada quince días llegan las mamás con sus crías para la consulta con un pediatra voluntario y se les provee de medicamentos y alimentos.
Las hermanitas visitan los bordos diariamente, con el fin de evangelizar a los habitantes de estos lugares marginales. También realizan misiones evangelizadoras, en fin de semana, a las aldeas cercanas de El Merendón, Agua Azul, Colonia Rivera Hernández y otros lugares. En su itinerario no faltan las visitas a enfermos en el Hospital Mario Catarino Rivas y a los presidios.
Hay también un grupo de 45 niños que llega al Hogar para ser catequizados por las hermanas y catequistas, cada miércoles.
Actualmente la Superiora es la Hna. Pavitra, quien recientemente llegó al país procedente de Guatemala, en donde estuvo como superiora por el período de tres años. Los residentes en el Hogar suman 35, entre 20 ancianitos abandonados y 15 varones enfermos de Sida. También hay una sala pequeña, con 3 camas, para atender enfermos tuberculosos, la cual, por ahora, se encuentra vacía.
El Hogar se sostiene gracias a donaciones de personas generosas. La Hna. Pavitra, asegura que nunca les hace falta nada, porque dependen totalmente de la Divina Providencia y por supuesto de la intercesión de la Beata Madre Teresa de Calcuta, que siempre está velando por sus hijas.
Las hermanas abren sus puertas a los visitantes, ya sea para hacer alguna labor voluntaria o para que puedan asistir a la Santa Misa, que se celebra cada día a las 7:00 a.m., también los viernes, a las 4:00 p.m., tienen adoración al Santísimo Sacramento, por la paz en San Pedro Sula.
El Hogar Don de Jesús está ubicado en la 3 calle, entre 8 y 9 Ave. Colonia Bográn. Teléfono 2551-4377.
«El amor no puede permanecer en sí mismo. No tiene sentido. El amor tiene que ponerse en acción. Esa actividad nos llevará al servicio». (Madre Teresa).

Texto e imágenes: Victoria Cotton

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Don de Jesús